Estas son preguntas muy frecuentes. Lo que hay que entender es que la frecuencia en el sexo depende de distintos factores, muchos de ellos condicionantes, y que no siempre hay que asociarla con una disfunción orgánica
Esta es una cuestión permanente: si la calidad supera la cantidad, entonces muchas personas se sienten conformes con el sexo. Si no hay cantidad ni calidad, creen que son víctimas de una enfermedad sexual, y si tienen demasiada frecuencia sexual sin satisfacción y gozan, es “sexo en forma compulsiva”.
La frecuencia sexual depende de muchos factores. Por ejemplo, si uno tiene una pareja estable o casual, entonces aumentan las probabilidades de encuentros.Si la relación se está iniciando, la pasión y el misterio son mayores, pero hay menos entendimiento y conocimiento del otro. Hay parejas recientes que no tienen química, o que han tenido un fracaso la primera vez, y luego deben intentar superar los miedos.
El espacio elegido para la escena es fundamental. Se deben buscar oportunidades para el encuentro, las motivaciones, etcétera.
Cada pareja tiene su ritmo, que en algunas se vuelve una rutina, y modificar ese hábito sexual suele ser complicado si no piden ayuda. En ocasiones, incorporar un elemento nuevo ayuda a estimular el deseo de aumentar los encuentros. El problema se presenta cuando uno de los miembros desea tener una mayor frecuencia sexual y no es acompañado por el otro. En ese caso, aparece una disfunción en la pareja. Poder acordar sobre este aspecto beneficia la relación.
El matrimonio puede ser un motivo de disminución de la frecuencia sexual, y muchos posiblemente han esperado casarse para la consumación, y cuando concretan utilizan cualquier excusa, perdiendo la ansiedad que les provocaba la prohibición. Algunas parejas estructuran los encuentros con reglas, por ejemplo, cuando no hay gente en la casa, o durante la noche, con ropa, durante el período menstrual, etcétera. Esto sirve sólo de argumentos para limitar los encuentros.
Todos estos son los factores que interactúan para tener frecuencia sexual. Podemos reconocer que la asiduidad de encuentros depende de cada pareja, lo que no es significativo para una puede ser el ideal de otro: hablar de normalidad es una utopía, que sólo tiende a fijar falsas expectativas y dudas respecto al funcionamiento de cada uno.
Por último, hay personas que no han tenido gran frecuencia en las relaciones con una pareja, y al iniciar otra relación que los estimula más, cambian, ya no se sienten acomplejados.
En cualquiera de estos casos, siempre el mejor camino es el diálogo como un acto de prevención a los sinfín de conflictos que puede traer el silencio. Algunas personas creen que si expresan lo que les disgusta provocará daño al otro. Creo que no hay mayor daño que fingir un sentimiento de satisfacción en donde no existe tal sensación.
Fuente:
InfoBAE.com