River tiene una pequeña ventaja
Si mejora en la definición, difícilmente se le escape el Superclásico
Se viene otro Superclásico y el torrente de palabras está a la hora del día. Y nosotros, como no queremos ser menos, nos sumamos a la catarata de reflexiones.
¿Qué decir que no se haya dicho? Que es un partido especial. Sí. Que los clásicos nunca tienen demasiado que ver con la posición que ambos equipos tienen en el campeonato. También. Y que podrá definir el panorama de aquí al final del campeonato. Por supuesto.
Pero a estas generalidades se suman algunas cosas particulares, que son propiedad exclusivamente de River y Boca.
RIVER:
El club de Núñez está viviendo un momento extraño. Con muchas cosas oscuras en lo institucional (el presidente Aguilar finalmente consiguió poner en marcha el acuerdo con inversores que, a cambio de una suma fija mensual, se quedan porcentajes de los pases algunos juveniles, lo que claramente es hipotecar el futuro), en lo meramente futbolístico las cosas están muy raras.
¿Por qué raras? Porque River juega bastante bien (hasta diríamos que es el equipo que mejor lo hizo en el torneo) pero no consigue resultados favorables.
En sus últimos tres encuentros ganó sobre la hora y casi de milagro a Gimnasia de Jujuy y le empataron al final (Colón y Belgrano) después de haber creado no menos de diez situaciones claras de gol para definir el juego.
River está padeciendo uno de los peores males del fútbol: la falta de la definición. Y la falta de definición, inevitablemente, se transfiere al resto de las líneas.
Passarella pasó por todos los estados en estas tres semanas. Estaba exultante en Jujuy, desconsolado en Núñez tras el empate de Colón y furioso en Córdoba. El técnico sabe que el equilibrio es clave para sacara adelante el barco. Sabe que si el capitán se vuelve loco, la nave inevitablemente se va a pique.
Tal vez por esa razón se retiró de las rondas de declaraciones esta semana y puso el acento en la cuestión futbolística.
Es cierto, a Passarella le estalló una granada inesperada: el pedido de licencia de Ariel Ortega (será de tres meses, por lo que recién se reincorporaría para la pretemporada del Clausura 2007), en una actitud inéditas de la historia del fútbol argentino, ya que no se recuerdan jugadores que asuman dificultades personales con la valentía que lo hizo Ortega.
Las razones son privadas y por respeto a Ortega no las vamos a revelar hasta tanto él mismo lo haga (el jugador confirmó que cuando esté preparado psicológicamente para hacerlo lo dirá públicamente), más allá de que diarios como Olé y La Nación ya hayan lanzado versiones irresponsablemente, tal vez urgidos por atrapar una primicia pero sin darse cuenta del daño que puede hacerle al futbolista que hoy se sepa qué es lo que le ocurre.
Sea como fuere, las decisiones que se tomen en los próximos días serán decisivas no sólo para recuperar a Ortega como jugador sino también como tipo.
BOCA:
Lo que parecía una catástrofe deportiva, por obra y gracias de la estirpe de los jugadores de Boca, se transformó en una fiesta.
Pensemos un poco: empate con Godoy Cruz, triunfo ajustadísimo con Nueva Chicago, derrota con Nacional de Montevideo por la Copa Sudamericana y derrota parcial con Vélez, en la mismísima Bombonera, ante Vélez. Si alguien suponía que Boca iba a poder dar vuelta ese partido cuando caía 2 a 0 y estaba con un hombre menos, miente. Boca, esa tarde, iba camino al abismo.
Pero apareció la inexperiencia de algunos jugadores de Vélez (tal el caso de Cubero), el gol de Gago y la resurrección. Y el 3 a 2 transformó esta previa entre River y Boca en un camino sereno para los hombres de La Volpe. Cuando, si nos atenemos a como viene este proceso hasta ahora, deberían estar mucho más preocupados que tranquilos.
Por qué decimos esto? Porque los cambios que el entrenador -como era lógico por otra parte- iba a poner en marcha, se hicieron mucho más rápido de lo aconsejable. Y porque Boca pasó de ser un equipo compacto a otro que está en formación, en una movida que, para llamarla de alguna manera, es muy atrevida.
Es obvio que no se puede decir cómo va a resultar la experiencia de La Volpe al frente de Boca y que seríamos unos irresponsables si, a esta altura, nos subiéramos al púlpito para marcar errores. Pero sí hay que decir que el entrenador se dejó ganar por la ansiedad y que implementó variantes que, hoy por hoy, le están generando más problemas que satisfacciones, resultados positivos al margen.
EL PARTIDO
Un poco por los últimos resultados obtenidos y otro tanto por las malas experiencias vividas por Passarella ante Boca en toda su compaña como entrenador, se vislumbra que River jugará con un planteo más conservador de lo que lo venía haciendo. Esto, claro, no podrá ser muy evidente ya que River es local y necesita ganar para achicar la diferencia que Boca en lleva en el torneo (cuatro puntos). Pero sí queda claro que River no será el mismo que jugó contra Colón y Belgrano, al menos en lo que a funcionamiento se refiere.
Es casi un hecho que jugará sin enganche (Gallardo irá al banco) y que buscará en la velocidad de Belluschi y Zapata el nexo con los de arriba, seguramente Higuaín y Farías, ya que Falcao no está todavía bien en lo futbolístico.
Boca no cambiará su libreto de las últimas cuatro intervenciones. Seguirá probando con tres en el fondo aunque nos animamos a decir que también pondrá a cuatro en algunos momentos, con Gago más metido entre los centrales de lo que lo estaba con Basile y con la dinámica que La Volpe le quiere imprimir a sus equipos: salida con pelota dominada desde el fondo, velocidad en la mita de la cancha y mucha rotación en la ofensiva.
Si me apuran, y si River no traiciona lo que venía haciendo en el torneo, lo vemos un escalón por encima de su rival. La clave estará, por supuesto, en el porcentaje de aciertos en el área.
Porque si de algo no quedan dudas, es que los dos van a atacarse. Y que habrá goles. Esperemos que muchos, por supuesto.