Flogger Power
Son la nueva tribu urbana que asoma en el horizonte de la vida adolescente. Obsesivos con el fotolog y con la moda, buscan la fama y la popularidad -virtual y real- con la extraña consigna de parecerse entre ellos. Se asumen frívolos y narcisistas. Testimonios de los floggers locales y una guía para entender el fenómeno.
Claudio Barros - cbarros@losandes.com.ar
Es inevitable escribir esta nota sin responder primero a la pregunta del millón: ¿qué es un flogger?
“La onda flogger empieza en un fotolog y es una moda. Es como una onda retro y moderna, se escucha electrónica, el baile es electro-house, te importa la moda y ser popular. El flogger es diferente a lo de los demás”, dice Nico, flogger conocido como 'hacm_unheladoo', y sorprende la precisión didáctica de la explicación, sobre todo después de navegar por sitios donde “2 mee gustoo esee toqee en peato kajsa” o “aasii, pprroppaa, sii podess daall? bbesoo” son las formas más comunes de expresión.
“Es una moda, una adicción...” dice una de las chicas. “No es una adicción”, le grita otro.
“Es como una obsesión por el fotolog y por llenar el libro (de visitas) que mientras más gente tiene más popular sos”.
Palabras clave si las hay, la búsqueda de popularidad es el eje central y se logra con una cámara de fotos, un par de poses y la subida constante de estas imágenes al sitio para que otros dejen mensaje y te valoren dentro del grupo.
Fondo y superficie
Los primeros cinco minutos con ellos son un panorama de confusión, sólo el color de la ropa los diferencia dentro de un look generalizado de pantalones chupines y zapatillas de tela.
Luego aflora la personalidad individual dentro de esa masa grupal en que se cruzan la banalidad de la pose ensayada y la profundidad de la búsqueda de identidad e identificación.
Hablan todos juntos, se contradicen y mientras charlan se enteran cosas que no sabían de otros, pero se ordenan rápidamente y vuelven al plan original de dejar en claro quiénes son.
“Si la onda flogger hubiera nacido con los punkitos o los rolingas, no hubiese habido problema, pero como es nueva y no se conoce, hay mucho rechazo”, justifica Gabrielinoo o Gabriel.
Su afirmación esconde dos verdades: el temor social a lo nuevo y la fuerza que da la permanencia en el tiempo, situación de la que gozan otras tribus urbanas como, por ejemplo, los góticos.
Sin embargo los floggers le dieron a estos subgrupos sociales una vuelta de tuerca más.
Consolidaron en un estilo de vida parámetros antes rechazados, como la superficialidad, el narcisismo excesivo y el culto a la imagen.
Lo suyo, claro, no es coraje, es impunidad. Es la que les da la adolescencia y la conciencia de saber que es un tiempo ideal para ser inmaduro.
“No tenemos ideología”, aseguran y dan el tiro de gracia al afirmar: “Nosotros sabemos que esto es pasajero porque somos adolescentes".
Pero como cualquier moda, ésta es una construcción que requiere tiempo, esfuerzo y dinero.
“Es cara”, dice Mariano alias 'elenanitomr'. No miente. Entre la cámara de fotos -imprescindible para colgar imágenes todos los días- y la ropa, se va un presupuesto que sale del bolsillo de mamá y papa.
“Yo pongo carita de lástima y mi papá me da plata”, dice una de las chicas y 'like a nerd' o Sofía agrega: “las marcas específicas son muy caras. Ona, Kosiuko, A.Y. Not Dead, Complot son las marcas que usamos, pero te las podés arreglar con algunas cosas que sacás de otro lado”.
Entre el rebusque está el placard de sus padres. Las viejas camisas a cuadros son parte de los complementos, así como algún viejo pantalón chupín de los '80.
“Si no tenés plata para eso comprás en el persa”, dice otro aceptando que el nivel se puede bajar un poco.
Pero claro no todo es ropa. "Hay gente que cree que por tener un chupín es flogger, ser flogger es un estilo de persona", dice Mariano y todos le sueltan un ¡ohhhh! y lo miran como pensando '¡que profundo el pibe!'
No me peguen, soy un flogger (juajuajajajaja)
“Nosotros no molestamos a nadie, el que se quiera unir que se una. No buscamos que nos peguen”, dicen con pesar y cara de emoticon.
Si sus vidas fueran un programa del Animal Planet, podríamos decir que su hábitat natural es la peatonal, donde conviven con otras especies pero cada una defendiendo su territorio.
Por 9 de Julio y Peatonal a la derecha, están ellos. Enfrente, sus detractores. “Son los que nos bardean”, dice Santiago 'Thiagox2'.
“En donde estamos nosotros la gente vienen a vernos y eso nos alimenta el ego, eso es lo que envidian”, afirman.
"Es una envidia que tienen hacía nosotros, porque no se pueden vestir como nosotros", sentencia María José y agrega: “los varones floggers son muy metrosexuales”. Esa dedicación a la apariencia no pasa desapercibida en casa.
“Es más fácil para las mujeres, porque cuando ves a tu hijo con un pantalón chupín blanco y planchándose el pelo, te asustás un poco”, suma Nico. “Somos demasiados superficiales", dicen de ellos mismos.
No todo lo que brilla es gold
La popularidad en fotolog se alcanzaba siendo “gold”, una meta que en forma gratuita se podía lograr llenando el libro de visitas virtual hasta reventar. “Ahora cualquier ñoño es gold”, dice María José, conocida como 'matracaatedoi’.
Explican que gracias a un acuerdo con una empresa de celulares, si envías un par de sms lográs ser gold por dos semanas aunque nadie te firme el libro o te deje comentarios. No importa.
La prueba real de la popularidad virtual se da en las Flogger Fest, juntadas que ellos organizan en la tierra santa de los floggers: el shopping.
Allí, por la tarde, se juntan y se exhiben, practican sus pasos y sus expresiones, sus poses y sus peinados, al ritmo de la electrónica que sale del celular.
“El día que hicimos la Flogger Fest vimos que había un montón de gente y éramos un montón. Cualquiera se puede sumar”, dice entre el asombro y un dejo de descontento Gabriela, mejor conocida como 'Taanretroo' aunque aclara que está todo bien.
Claro, ellos son los precursores de Mendoza, los que vieron la tendencia porteña y la adoptaron. Son los más antiguos y esa antigüedad tiene seis meses.
Los “nuevos” tienen dos semanas y se sumaron en la Flogger Fest. En el medio del auge flogger aparece la crítica al estilo de vida -“Mi mamá me dice 'flower' y me mira con cara rara”- y cierta violencia social.
“Trolas, putos, gays, Patito Feo son las cosas que nos gritan”, cuentan.
Ellos, con altanería, miran de reojo y hacen oídos sordos enarbolando la consigna que una de las chicas tiene en su fotolog y que sintetiza el espíritu flogger: “tu envidia alimenta mi ego”.
para ver las imagenes:
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